Nuevamente y por cuarto año consecutivo, La Fundación Nacional para la Cultura Popular, reconoce la trayectoria, honradez y compromiso de los que han tenido un trabajo consistente en nuestra cultura. El compositor Salvador Rosa hijo, quien le ha dado a esta patria muchos honores, junto a un grupo de familiares y amigos defensores de lo nuestro, fue reconocido como el Abanderado Nacional 2012 de la Cultura. Bajo una conspiración colectiva en donde todos los presentes sabían a lo que venía don Salvador, menos él, fue un momento muy emotivo cuando el presidente de la Fundación, Javier Santiago, mencionó su nombre y saltó de la silla con las manos alzadas, contento, satisfecho y aún asombrado del verdadero motivo de su presencia en dicho lugar. Y contrario a otras personas que lloran, no pueden hablar y les afecta su entorno por la sorpresa, don Salvador agradeció a todos el lindo gesto y vivaracho, parlanchino y gozándose su momento habló como si estuviera en la sala de su casa.
En épocas pasadas, siempre para el 21 de diciembre, la Fundación Nacional se ha encargado de asignar la gran responsabilidad a nuestros representantes culturales a este acto tan importante. En el 2009 fue al guitarrista Ernesto Cordero, en el 2010 a la escritora Luz Nereida Pérez, en el 2011 a la cantautora Aidita Encarnación y este año Salvador Rosa hijo, fue el elegido por sembrar algo tan importante en esta sociedad como lo es representar dignamente con el corazón que lo caracteriza, lo que ha hecho por Puerto Rico. El maestro de ceremonias, Julio Enrique Court felicitó al nuevo abanderado y dejó el mensaje de la noche a el Sr. Alfred D. Herger, quien con su característica voz dulce y melodiosa, rememoró momentos inolvidables de la vida de Salvador para la década del 60. Entre risas y recuerdos muy emotivos los comentarios entre los presentes eran de apoyo y aceptación a las palabras que con fluidez Herger decía con emoción. Amigos de la talla de Oscar Solo, Pijuán, Rubi Colón, Pedrito Rivera Toledo, Tamara Escribano, Pablo Aponte y Gladys Núñez quien le envió un mensaje y otros que con su presencia decían más que con sus palabras, lo aplaudían al unísono con sonrisas en sus rostros.
Cuando le tocó el turno para expresar lo henchido que tenía el corazón, Salvador se arropó con la monoestrellada y como si fuera un campeón boxístico subió hacia el “ring” (podio) quien junto a sus hijos, Myriam, Salvador y Mario posaban para fotos que definitivamente la historia preservará indeleblemente. El Salvador abuelo-consentido lo acompañaron sus nietos Gabriel Edgardo, Bryan Saúl, Yamil Andrés, Natalia Carolina, Diego Alejandro y Gustavo Armando quienes quizás no tenían la capacidad de entender el por qué a su abuelo todos lo felicitaban, pero que con el tiempo serán testigos de lo importante de estar haciendo sus pinitos patrióticamente. También su madre, Mary Montañés, a sus 91 años, fue testigo de este merecido galardón quien junto a Myriam, esposa de Salvador, mostraban el sacrificio logrado de todo lo relacionado a amar a nuestro país.
Cuando le tocó el turno a Aidita Encarnación de entregarle la bandera que defendió en todo el 2011, antes de pasarle el batón a Salvador, le dijo: “Hacer cultura en este país, es llevar nuestra música al lugar que se merece, hacer cultura es respetarnos como puertorriqueños, hacer cultura es trabajar todos unidos para crear una nueva cepa, para demostrar que nosotros los seres humanos somos lo mejor que existe sobre la faz de la tierra. Y para mí no es sólo un privilegio, es un honor entregarle a usted la bandera”. A lo que Salvador Rosa contestó cuando le tocó el turno a expresarse: “Yo agradezco lo que me han hecho. Este distintivo que me han dado para mí es un honor tremendo. ¡Y que viva la cultura puertorriqueña, que vivan los artistas puertorriqueños que defienden la puertorriqueñidad no importando la ideología, que viva Puerto Rico!
Para finalizar este espectacular momento, la cantante Dayivet Alemán interpretó con mucha fuerza los temas “Qué importa”, “Se enteró tu mujer” y “La protesta de los ReyesMagos”, como homenaje por ser el compositor de los mismos, y aprovechó para agradecerle los primeros pasos de su carrera. Y así finalizó la actividad junto a un gran grupo de personas que igual que el abanderado charlaban en el patio de La Fundación compartiendo piscolabis y anécdotas de la vida de Salvador, e impregnándose de la historia que ineludiblemente posee este lugar entre fotos y documentos históricos. Y la noche fría en la Calle Fortaleza en el Viejo San Juan conspiraba para deleitar el clima perfecto de una navidad idónea junto a un gran compositor, amigo y patriota. Ya tiene la primera encomienda del nuevo año, seguir llevando dignamente el símbolo que nos representa mundialmente como puertorriqueños, y entregar la misma con el mismo modo en que la recibió, satisfecho y complacido de ser digno abanderado por 365 días. ¡Enhorabuena!